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martes, 29 de julio de 2014

Regreso a casa...


Hubo un tiempo en el que no veía la playa o, quizás, no quería mirarla. Pero llegó el día en el que se sintió flanqueada por sus hermanas que la escoltaban y, sin remedio, la dirigían hacia ella. Pensó que su fin se acercaba; el tumulto blanco y ruidoso en lo que se había convertido la desconcertó en su arribada. Al golpear la arena se dio cuenta de que seguía existiendo.  Al diluirse entre la arena y la espuma se olvidó de quien era y, en ese instante, emprendió el regreso a casa una vez más.

Sed felices o, al menos, intentadlo...

viernes, 25 de julio de 2014

Re-conectar...


Estás despierto, bostezas, ya está, has entrado en el reino del sueño; te olvidas de ti mismo, de quien eres. Es como si durmiéramos un sueño casi eterno, enredados en nuestra acciones y reacciones en el mundo de lo aparente, de la forma que es lo que "parece" que más importa.

Hablamos frecuentemente de cambiar el mundo, no nos gusta lo que vemos, reaccionamos con hostilidad y violencia contra aquello/s que lo hacen menos humano y más hostil, pero nada bueno puede salir de una energía negativa y hostil: la nuestra. Si queremos cambiar el mundo sólo hemos de hacer una cosa... cambiemos nuestra mirada, seamos capaces de conectar con aquello que perdimos hace tiempo, la presencia, la consciencia de la que nace la paz interior y nos lleva a mirar al mundo de una forma más bondadosa y compasiva y, de esta manera, el mundo se trasformará. 

Si cierras los ojos y re-cuerdas tu niñez te acordarás de esos momentos en los que mirabas al mundo sin juicio, sin pedirle al instante presente nada más que lo que podía darte. Pero después llegó el sueño...

Usa cualquier puerta de las que existen pero intenta re-conectar con lo esencial, de ello depende Todo lo que importa.

sed felices o, al menos, intentadlo....

sábado, 12 de julio de 2014

Atrapado...

Iba a salir de casa cuando, al lado de la puerta, en el acebuche, algo se movió, un aleteo, una vibración. El gorrión se movía intentando zafarse de la trampa mortal en la que se había convertido la mezcla del arbusto y los hilos que llevaba colgando de su pata. No sé cuanto tiempo llevaría allí, me sentí afortunado, había dejado de tener prisa, tenía una importante misión que realizar. 

Volví con unas tijeras podadoras en la mano, el pequeño gorrión se puso aletear freneticamente, lo agarré bien y empecé a hablarle despacio, al cabo del rato se tranquilizó, pude trabajar concienzudamente; temía que su pata estuviera dañada pero no fue así. Lo liberé del todo; lo miré unos instantes, y lo solté, elevándolo unos metros sobre mi cabeza. Algo parecido a la felicidad me llenó el pecho en ese instante.

A veces ocurre que alguien se siente atrapado y si pasa alguien a su lado que lo ve puede ayudarlo; si hubiera ido muy veloz y distraído no lo hubiera visto y, el pequeño gorrión, estaría muerto ahora.

martes, 8 de julio de 2014

ACEPTACIÓN...


Aceptar es ver las cosas tal y como son, no cómo nos gustaría que fueran; cuando la realidad no coincide con nuestras expectativas nos sentimos frustrados, impotentes y enfadados. Nos rebelamos contra lo que Es. Nuestra felicidad se esfuma, se volatiliza, aún teniéndolo Todo no tenemos Nada.

No es fácil aceptar la realidad, sea cual se ésta, pero si lo haces, si dejas de rebelarte ocurrirá el verdadero milagro de la VIDA, ésta se desplegará ante tí en toda su maravillosa presencia. No estoy hablando de que aceptemos aquello que nos gusta, que nos maravilla, sino de la totalidad del paquete. 

Entonces...

Puede ser que dejes de estar tan inseguro, tan asustado con lo que temes, simplemente lo has aceptado. Si dejas de tener miedo dejarás de ser agresivo y violento en tus formas, te volverás más suave, podrás mirar a los demás como iguales. Quizás si sigues trabajando con tu aceptación puedas mirar a los demás con ojos compasivos, sabiendo que son como tú, que serías tú si hubieras nacido en ese lugar donde él nació, donde se educó y tuvo que vivir.

Entonces, quizás, tu corazón se abra un poco más al dolor del otro y tu yo desaparezca un poco más y el mundo lo agradecerá.

Quizás merezca la pena intentar esforzarse ser mejores sin ser perfectos. Trabaja la aceptación, cultiva esa semilla y tú y el mundo avanzaréis juntos de la mano.

Sed felices o, al menos, intentadlo...


lunes, 7 de julio de 2014

¡Menos mal!...

¡MENOS MAL!
Llevo mucho tiempo sintiendo mi cuerpo como un cubito de caldo concentrado, mi mente como una olla a presión siempre a punto de explotar, una olla a la que hubieran cegado la válvula de seguridad. Pero ya no.

Antes tuve una vida, vivía tranquilo y sin miedos pero eso se acabó hace ya mucho tiempo. De tener derechos a no tener ninguno. Siempre amenazado con el despido y cargando con mi edad como una losa pesada. Cada vez más horas de trabajo, más responsabilidad y menos dinero. Con los años he llegado a cobrar un cuarto de lo que cobraba y de forma irregular; he tenido que ir vendiendo casi todo lo que tenía valor.

Lo he visto aparecer cada día, bajando de su Porsche Cayenne negro. Sus buenos días consistían en “jalearnos” y “animarnos” a ser mejores trabajadores, a rendir más. “no soy una puta ONG” y “yo no mantengo a vagos” eran sus frases estrella, las he escuchado una y otra vez.

18 años viendo su cara; nunca me había dado cuenta de la maldad y el desprecio de su media sonrisa, hasta ayer, probablemente, porque siempre he evitado mirar su cara.

En cuanto llegó me mandó llamar a su despacho; un chico de unos treinta años de ojos espantados, estaba sentado en un extremo de la sala.

No me dedicó mucho tiempo, me dijo que en su empresa ya no era un buen sitio para mí, que seguro que tendría buenas oportunidades en otro lugar con mi experiencia y mi edad. Sentí, aspiré la crueldad como nunca en mi vida lo había hecho; su mirada burlona brilló. El chico respiraba entrecortadamente. Me quedé allí de pié, en silencio, mientras mi jefe me decía que podía quedarme, si quería, unas semana más para enseñar a mi sustituto y que, por supuesto, eso me lo pagaría aparte.

Algo pesado y oscuro empezó a manifestarse en mi interior, algo desconocido para mí.

-        Bueno, ¿no dices nada? –preguntó  levantándose de su sillón de piel.

Sin mediar palabra me di media vuelta y me alejé de ese lugar. En mi retirada escuché que decía algo sobre el desagradecimiento y la falta de respeto.

Al día siguiente, después de una noche casi en blanco, amanecí con una extraña sensación, una especie de relajación envolvió mi cuerpo. Sentí que la olla exprés ya soltaba gas; no habría explosión, al menos para mí.

Antes de salir de casa repasé mentalmente los detalles de lo que sería mi mañana de trabajo.

Cuando tenía tiempo y una vida que vivir fui cazador. Mataba conejos en el monte por tradición familiar. No me gusta el conejo pero siempre me he comido los que he matado por una especie de mala conciencia. Dejé de cazar hace mucho.

Conduje con cuidado hasta llegar a mi destino, aparqué delante de mi empresa, bajé del coche y entré en el bar donde tomaba café, saludé a todos como cada día. Felipe el dueño se extrañó de que comprara una cajetilla de tabaco. Volví al coche y me fumé un cigarrillo, hacía veinte años que lo había dejado.

Cuando lo vi llegar, bajar de su coche, me sentí poderoso, como un Dios que está a punto de bajar del Olimpo y hacer su voluntad.

Abrí la funda de la guitarra;¡ joder lo que se aprende en la televisión!. Saqué cuidadosamente la escopeta repetidora, acaricié la culata y sentí la frialdad del cañón. Me tomé mi tiempo; hay cosas en la vida que hay que hacer lenta y conscientemente. Comprobé los cartuchos de postas y salí del coche. De algo estaba convencido: no habría sonrisas burlonas esta mañana. Como si tuviera un campo de fuerza a mi alrededor todos se apartaban a verme llegar. Ni una palabra, todos petrificados menos yo.

Como los cornudos fue el último en enterase de lo que se cocía. Hablaba con mi sustituto y me daba la espalda, se dio la vuelta al percatarse de la cara de terror del chico que me miraba despavorido. La escena se congeló, el silencio y la inmovilidad me dejaron una sensación de extrañeza. Sus ojos, su cara, algo que murmuraba. Merecería la pena condenarse, que me condenaran mil veces por vivir ese momento, la oscuridad se manifestó en ese instante. Recuerdo que un fugaz pensamiento atravesó mi mente, acompañándolo una sensación de alivio.

-        ¡Menos mal que no vendí la escopeta!


Creo que fue el último pensamiento antes de descerrajarle dos cartuchazos.

Sed felices o, al meno, intentadlo...

viernes, 4 de julio de 2014

Insomnio...

Me gusta escribir, siempre me ha gustado, con tanta arena muchas palabras se han quedado en el tintero; es tiempo de recuperarlas. Pequeñas historias que comparto a partir de hoy.

Una de fantasmas...

INSOMNIO.

No quiero dormir, sé que lo necesito para vivir pero cada vez que lo hago Él puede aparecer. No lo hace siempre pero eso no me tranquiliza. De día respiro, ¡aún falta para que la noche llegue!. Pero siempre acaba por llegar y con ella la posible visita.
Una noche más me encuentro con todas las luces de la habitación encendidas, leo, canto, hablo en voz alta...hasta que el sueño me alcanza, se me cierran los ojos.
Oigo un sonido agudo, siento un estremecimiento, me despierto, mis ojos se abren y allí está en los piés de mi cama; sus brazos y piernas se difuminan pero su cara es nítida, no puedo dejar de mirarlo mientras me mira, no me habla, sólo sonríe de una forma que me hiela el corazón y la sangre en las venas. Allí se queda, allí me quedo sin poder moverme, aterrorizado. Se esfuma, antes de desvanecerse levanta su mano espectral a modo de saludo mientras una lágrima solitaria me recorre la mejilla.